Soy ciclista aficionado y, como muchos, he probado de todo en mis rutas: geles cargados de azúcar que saben a jarabe, barritas que terminan siendo un castigo para el estómago… Incluso llegué a probar otros bocadillos de guayaba, pero siempre me dejaban la misma sensación: demasiado empalagosos o con una textura incómoda, como si solo estuvieras masticando azúcar.Con estos bocadillos la experiencia fue distinta desde el primer momento. El sabor me sorprendió: dulce, claro, pero con un dulzor natural, a fruta de verdad. No tienen ese regusto artificial ni cansan al paladar. Puedo comer varios en una salida larga y sigo disfrutándolos. La textura también marca la diferencia: suave, homogénea, se deshace en la boca. Nada de esos cristales de azúcar molestos, y lo mejor es que siempre se mantienen tiernos, sin ponerse duros.Lo que más me convence es que me dan la energía rápida que necesito, como un gel, pero también quitan ese pequeño hueco de hambre a mitad de la ruta, como lo haría una barrita.En resumen: un producto redondo. Ya es parte de mis entrenos y, sin duda, lo volveré a elegir.